
Pudieran resultar desconocidos nombres como Luis Tamayo, Elvio Fernández, Leonardo González, Roger Hidalgo, José René Cruz, Alexis Calzadilla, Manuel Martínez, José García de la Cruz (Pepe), o Germán Batista, sin embargo, alguna tablilla o recuadro habrá de reservárseles en el futuro Museo, pues ellos encabezan la lista primera en la obtención de cerveza en Holguín, como en un sacerdocio, hoy por hoy las mejores de Cuba, con la Mayabe a la cabeza.
Aunque en idioma inglés suene “meibi”, Mayabe seguirá siendo por los años de los años, su nombre regional identificativo. Tuvo continuidad la Cristal como “La preferida de Cuba”, y tras sus pasos surgió la sugerente Bucanero, en diferentes variantes, hasta la Cacique, el más reciente aporte al acervo de las cervezas holguineras, las cuales hoy copan con orgullo, y suficientemente, cuanto lugar turístico o de servicio exista a lo largo y ancho del archipiélago, y mucho más allá.

(“La cerveza aplaca la sed, tanto como el agua, estimula por su bajo contenido en alcohol, refresca por el ácido carbónico, es un tónico excitante por su amargor, agradable, y nutre por los azúcares, dextrina, albúminas, grasas y sales minerales que entran en juego en su composición. No se deberá introducir hielo para enfriar el producto”, ni agua para adulterarla, agrego por mi cuenta.)
En estos nobles propósitos han de estar en primera fila los propios cerveceros y quienes atienden las líneas productivas, y el más mínimo de los detalles, como la abandonada red inicial de puntos de venta a granel de la Mayabe, la querida aparición de la taberna Pancho, la fama internacional que el burro de igual nombre dispensó entonces al motel Mirador de Mayabe; la preservación del noble equino que se supone exista gracias a la taxidermia, y reunir en ese Museo cuantos estímulos morales ha recibido durante estos años el colectivo laboral de la Cervecería. “Honor a quien honor merece”.

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