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10 ago 2010

Tres Panchos. Una leyenda.

POR CARLOS MELIÁN MORENO

En el valle de Mayabe, un lugar de Holguín, hay un burro al que se llama y se llamará Pancho. A este burro no se le llenaba el saco y andaba por ahí, mendingando, echándose a la suerte, viendo qué se pegaba. Un día, agarró por la izquierda, y fue a parar al Ranchón de Mayabe.

Allí había gente. Gente y música. Gente y comida. Comida y desperdicios. El burro no tenía problemas con comer desperdicios, ni con nada; ya no le traían yeguas, y con abundante ocio, solo quería llenar la panza, para qué más.

Así que allí se le podía ver, atento y aislado, esperando porque se aburrieran de los chicharrones, el pan fresco o del congrí. Cosas sólidas. Ahora pasa por alto, pero iba por masticar, lo de la “lager”, no fue idea suya, fue suerte, azar, un accidente. No importa quién ideó la gracia. Mientras pasaban un buen rato a costa de él, tomó aquel líquido amargo, agradable y característico, sin saber que los burros no solían tomar cerveza, ni que abría la saga de los Panchos.

Evidentemente no le gustó ese nombre, demasiado obvio, pero daba igual, vino otra, y otra cerveza y chicharrones, comida, como si le tocaran por cuota, y así ganó confianza, e hizo suyo el entorno y algunos papelazos, rebuznos, caídas loma abajo, o sea, ya saben, y otras cosas que no se dicen.

Luego llegaron los ochenta. Ah, los ochenta, una gran tubería los trajo desde algún lugar. Fue una hermosa década, la cerveza, el congrí, los chicharrones. Una década que se fue como agua, o como cervezas (un día, entre aplausos y gritos, bajó 46 de un palo), dejando tras sí una larga resaca, porque sí, porque nada es eterno, y menos para el que se la ha pasó así, esperando una nube.

De “nota” en “nota”, nada se mantenía inmóvil, dentro y fuera la vida discurría (se desbocaba más bien) hacia un desenlace de úlceras, cervical, perestroika, indigestión e inapetencias.

El 20 de noviembre de 1992, meses después de caer el muro de Berlín, la guerra fría y un setenta por ciento del comercio exterior con Cuba, murió Pancho. Pero, digamos, hay que hacer honor: lo hizo a tiempo, como los Beatles. El justo para que se levantara una leyenda, y el pedestal que nunca sospechó ni siquiera por modestia. Una de esas cuentas de tantas por días, arrojó que tomó 61 mil 756 cervezas a lo largo de su ciega carrera hacia la gloria.

En los noventa más duros siguieron sus descendientes Pancho II y Pancho III, imposible saber si hijo y nieto, o nieto y bisnieto, respectivamente. A esta altura eso no importa tanto y más sabiendo que los vástagos se parecen más a su tiempo que sus padres.

En efecto, Pancho II, hijo de las circunstancias, estuvo expuesto de pronto a nuevos hitos, Bavaria, Heineken, Tecate y otras. Otras más o menos buenas, según esto, según aquello. Todo es relativo. Todo se muerde la cola. Y viendo lo que pasaba, o lo que no pasaba, prendió velas, se encomendó y recaló en cierta predisposición, en la que se puede ser ateo y al mismo tiempo mantener un altar en un rincón de la casa.

Pancho III, el actual, es el más entendido, aplaude o no aplaude, es decir, es de esos tipos a los que te acercas al salir de un teatro y le preguntas ¿te gustó?, ¿qué piensas?, ¿estuvo bien?, ¿estuvo mal? Nació con eso. Como el dice, “la gente de esta provincia del universo me necesita”.

Y aunque es buen tomador, de hecho, con 43 cervezas casi iguala el record de Pancho I, su fuerte es opinar, discernir y discrepar.

Son tres temperamentos, tres Panchos, que en algún momento fueron patrimonio de camioneros y choferes de autobuses que iban a allí, a Mayabe, a pasar un rato, y que hoy contribuyen, como un solo individuo, al mito, tanto de la cerveza Mayabe, como a la identidad del holguinero, artesano de la mejor cerveza cubana.

22 may 2010

Matar un burro a cervezas

Por Joaquín Fernández Moreno
Fotos: Edgar Batista
Se cuenta que en distintas países existen burros o chivos que en vida han sido adictos a beber cerveza. Sin rebuscar antecedentes ni árboles genealógicos, estas líneas las dedico al hábito, que generación tras generación, (ya va por la tercera), transmitió a su descendencia el famoso burro Pancho, criado a sus anchas en la elevación que ocupa el motel Mirador de Mayabe, en la oriental provincia cubana de Holguín.

No es por su inclinación a prenderse de una botella de bebida tan apetecible, de las cuales llegó a libar 48 en una jornada etílica, que alcanzó la fama, ni por sus correrías viriles tras las hembras cada vez que se aparecía la oportunidad, sino porque fue capaz, con su tenacidad de burro, de inculcar en los dos Panchitos que vendrían después, esa afición por saborear y dejar correr la espuma por la comisura de sus labios, amén de recibir, de manos de centenares de visitantes nacionales y foráneos, los refrescantes sorbos, acompañados por crujientes chicharrones de cerdo.

Trabajadores de hace 50 años, y los de ahora, acumulan con orgullo anécdotas de la vida y travesuras del Pancho original, y luego del hijo y su nieto actual, pues sin dudas este noble bebedor, con su goloso relevo, es símbolo del Mirador de Mayabe, de toda la provincia, y del acervo cultural del archipiélago cubano, y las fotos y vídeos tomados junto a su noble animalidad, rondan por miles todos los rincones del planeta.

Hace unos 20 años, al iniciarse las producciones de la holguinera cerveza Mayabe en la fábrica de igual nombre, en su etiqueta se enseñoreaba su imagen, al igual que en lo alto del tanque elevado para el agua de la industria; en jarras, ceniceros, y hasta en los doiles y el letrero lumínico de una taberna que inmortaliza su nombre.

Un testigo presencial me contó que el animal recorrió en esa ocasión a pie, más bien “a pata” cerca de ocho kilómetros, entre su ubicación habitual, hasta las instalaciones de la fábrica, pero se desconoce si en ese lugar y momento, después de tan extenso recorrido, llegó a empinar “el codo”, como lo hizo durante buena parte de su vida en el Mirador de Mayabe.

A la hora de concebir un Museo de la cerveza, con el fin de preservar para el futuro los trazos de un arte tan único como la obtención de esta bebida, habrá que recopilar, obligadamente, cuantas referencias materiales y documentales apoyen la idea, sin obviar el cuerpo embalsamado de Pancho a raíz de su desaparición, ya fuera por cirrosis hepática gracias al alcohol, o por razones naturales.

Por lo visto, tus seguidores genéticos, junto a nosotros mismos, no te defraudaremos. Si los burros ascienden al cielo, estés donde estés, que el espumoso espíritu de la cerveza acompañe e impulse tus andares y los nuestros, querido amigo.

19 ene 2010

Votación unánime: “La Mayabe”

Por Joaquín Fernández Moreno
Fotos: yricardo y Lázaro Wilson

Para obtener una buena cerveza no basta con una adecuada selección de la materia prima, sino que al arraigarse en los operarios una cultura por la disciplina y una absoluta higiene, es cuando puede hablarse de arte, sin olvidar las cartas tecnológicas para cada una de ellas, las cuales han de cumplirse al pie de la letra, tal y como han logrado con los años los maestros cerveceros de Holguín.

Recuerdo con inmenso placer las sustanciosas conversaciones que durante 1988 sostuve con José García de la Cruz (Pepe), sobre su trabajo en la Cervecería Mayabe bajo el título “Habla un cervecero”, publicado entonces en la prensa provincial; aborda desde que García entró como primer maestro cervecero, desde 1989 al 1990, y por ese camino llegó a ser director general de la fábrica hasta el mes de mayo de 1997.

El proceso de molido de la malta, maceración, extracción, hervidura, separación del lúpulo, sedimentación, centrifugación, fermentación, maduración, y filtración final, fueron temas de aquellas conversaciones, donde no se “filtraron” secretos, aunque fluyó la experiencia acumulada por éste y otros maestros, quienes a partir de tecnología alemana, comenzaron a poner a flor de labios de los amantes de la cerveza, aquel regalo único al paladar, mediante un proceso que demoraba entre 50 y 70 días. Sabor agradable, llenura, (“algo que te llena la boca”), “cuerpo…”.

“Cuanto mejor es un extracto original, mayor es su contenido alcohólico. A mayor retención de la espuma, más calidad: 3 minutos para que se deshaga la espuma al vertirla suavemente en las paredes interiores de un vaso, señal muy positiva. El bailarín español Antonio Gades, en la propia fábrica, denominó a ésta “el encaje de la cerveza”. ¿No te das cuenta que es un arte…?, sentenció Pepe a tiempo.

En estos momentos, cuando se perfila la celebración de un Encuentro Internacional de Cerveceros en Holguín, dentro del Festival Luna Llena de música pop, en el mes de diciembre, vale recordar que ya en junio de 1991, el mismo equipo de cerveceros que formuló la “Mayabe”, participó en un evento parecido en las instalaciones del hotel Pernik, en la Ciudad cubana de los Parques, en el cual intervinieron invitados de Francia y México, además de representaciones de las diversas fábricas existentes en Cuba.

El procedimiento para seleccionar la mejor, consistió en catar las diferentes cervezas que se presentaron, se depositaron en copas debidamente numeradas, y cuando los especialistas prestaron su paladar para el dictamen final, se procedió a abrir unos sobres sellados con la identificación de cada copa y bebida, y por votación unánime de los libadores, la “Mayabe” se alzó con la puntuación máxima.

Información prácticamente inédita, que ofrece una exacta medida del prestigio que la Cervecería holguinera ha mantenido en estos años, para orgullo de la cultura y del arte de hacer cerveza, con la cual se brinda en Cuba y otras partes del mundo.

27 nov 2009

Cervezas de Cuba: Mayabe

Esta marca mística y sensual toma su nombre de un valle situado en el oriente de Cuba una región llena de misterios e intrigas. Cuenta la leyenda que en 1949 se necesitaron los servicios de Pancho, un burro tomador de cerveza, para procrear mulas para trabajar en las minas de níkel.

El linaje de Pancho es aún fuerte en el valle de Mayabe y esto se ha convertido en una atracción turística. Pancho Jr. mantiene la misma pasión por la cerveza, consumiendo ocho cervezas Mayabe diarias como promedio. ¡Su record de cervezas consumidas en un día (el 21 de agosto de 1980) fue de 46!

Otro de los misterios de la Mayabe es su única malta Pilsner, que le brinda un ligero sabor y produce el color dorado claro de Mayabe.

Se dice que después de saborearla usted sentirá que su paladar ha sido seducido. La Mayabe ha encantado el corazón a más de un cubano en un día soleado, con una brisa agradable. Esta cerveza ligera, con 4% alc./vol. está disponible en botellas de 350ml, latas de 355ml así como en toneles.

Texto tomado de www.cerveceriabucanero.comFoto: yricardo

19 nov 2009

Fidel Castro y la cerveza Mayabe

Por Joaquín Fernández Moreno

“Con mucho gusto y admiración, por la calidad y las ingeniosas innovaciones técnicas, sobre todo después de consumir dos medianas jarras de esta cerveza hoy tan prestigiosa: Mayabe”. Así escribió Fidel Castro en el Libro de Visitas de la Fábrica de Cervezas de Holguín, durante una visita de una hora y cinco minutos, el 27 de julio de 1996.

Después de escuchar ante una maqueta una explicación sobre la industria y su proceso productivo, observó la línea de toneles, luego se sentó en una banqueta frente a la barra, detrás de la cual lo atendieron María Nora, encargada de ese servicio, y José García de la Cruz, maestro cervecero y entonces director de la Cervecería.

“Estas jarras están muy buenas y bonitas”, expresa. Le ofrecen una dedicada con su nombre. Indaga y conoce que las sirven hasta donde llegan los 300 mililitros. “Tiene menos azúcar. Así se puede tomar mejor y no necesita leche condensada que no tenemos. Antes se decía que la malta era muy buena para las mujeres embarazadas. La malta da mucha leche”, agrega sonriente.

Una copa se termina y la vuelven a llenar. “¡Otra más! Ahorita van a decir que me tomé un tanque de esos grandes”. José García le solicita que, cuando tenga la oportunidad, regrese para inaugurar la Fábrica. “Bueno, a mí no me dijeron que aquí había una cinta y que yo la iba a picar”. “Yo no sabía eso, no me lo dijeron”, le responde José. Entonces Fidel se ríe y confiesa que era una broma. “Yo regreso. Si yo pudiera, llegaba a La Habana, cogía una carpeta debajo del brazo y me metía a vendedor ambulante. No saben que es más azúcar que cebada, pero está muy buena la cerveza”.

Luego de saludar a un grupo de trabajadores, comenta que quedó muy impresionado, la Fábrica está muy bonita y bien cuidada, y que la cerveza es muy buena. Se toma una foto con los maestros cerveceros, y en la línea de enlatado. Antes de despedirse, le coloca una mano a José García en el hombro y expresa: “Felicidades, sigue aprendiendo”.

Entonces le desean Felicidades en su próximo cumpleaños, (el 13 de agosto), y Fidel exclama: “Lo voy a celebrar con cerveza Mayabe”.

Fuente: transcripción inédita de la visita y fotos proporcionadas por José García (Pepe), testimoniante directo del hecho.

Se busca un museo

Por Joaquín Fernández Moreno

Pocos holguineros se imaginaron, que tras casi 20 años de degustar con cierto recelo y vehemencia las primeras cervezas Mayabe, la actual Cervecería Bucanero SA hubiera producido ya miles y miles de hectolitros de la refrescante bebida, mientras algunos pasos se encaminan a preservar para el futuro toda una tradición que se ha ido tejiendo con el aporte de manos amorosas de cerveceros de la talla de “Pepe” y de Germán.

Pudieran resultar desconocidos nombres como Luis Tamayo, Elvio Fernández, Leonardo González, Roger Hidalgo, José René Cruz, Alexis Calzadilla, Manuel Martínez, José García de la Cruz (Pepe), o Germán Batista, sin embargo, alguna tablilla o recuadro habrá de reservárseles en el futuro Museo, pues ellos encabezan la lista primera en la obtención de cerveza en Holguín, como en un sacerdocio, hoy por hoy las mejores de Cuba, con la Mayabe a la cabeza.

Aunque en idioma inglés suene “meibi”, Mayabe seguirá siendo por los años de los años, su nombre regional identificativo. Tuvo continuidad la Cristal como “La preferida de Cuba”, y tras sus pasos surgió la sugerente Bucanero, en diferentes variantes, hasta la Cacique, el más reciente aporte al acervo de las cervezas holguineras, las cuales hoy copan con orgullo, y suficientemente, cuanto lugar turístico o de servicio exista a lo largo y ancho del archipiélago, y mucho más allá.

Personas e instituciones, vinculadas o no con el arte de hacer cerveza en esta porción del oriente cubano, han de estar atentas al momento, que es YA, de aportar o donar cuanto documento, fotografía, instrumento o mueble que guarde vínculos con ese instante, para que el Museo de la Cerveza se convierta en un eslabón en la cadena de nuestra memoria cultural y del arte que enorgullece a “Pepe”, a Germán, y a todos los otros.

(“La cerveza aplaca la sed, tanto como el agua, estimula por su bajo contenido en alcohol, refresca por el ácido carbónico, es un tónico excitante por su amargor, agradable, y nutre por los azúcares, dextrina, albúminas, grasas y sales minerales que entran en juego en su composición. No se deberá introducir hielo para enfriar el producto”, ni agua para adulterarla, agrego por mi cuenta.)

En estos nobles propósitos han de estar en primera fila los propios cerveceros y quienes atienden las líneas productivas, y el más mínimo de los detalles, como la abandonada red inicial de puntos de venta a granel de la Mayabe, la querida aparición de la taberna Pancho, la fama internacional que el burro de igual nombre dispensó entonces al motel Mirador de Mayabe; la preservación del noble equino que se supone exista gracias a la taxidermia, y reunir en ese Museo cuantos estímulos morales ha recibido durante estos años el colectivo laboral de la Cervecería. “Honor a quien honor merece”.

23 oct 2009

“La Mayabe es la Mayabe”

Por: Joaquín Fernández Moreno

Veinte años son algo. Si es fabricando cerveza, mejor. Porque el 24 de octubre los holguineros dejarán atrás dos décadas estimulando el paladar de millones personas con invitaciones, razones y motivos para brindar con las mejores cervezas que hoy en día se producen en Cuba.

No es que se pasen por alto los 80 que los cerveceros cubanos llevan entregando la “Cristal”, “Clara, ligera y sabrosa”, primero, y “La preferida de Cuba”, después. No. En sus primeros años en industrias de provincias occidentales, ahora, en suelo, con agua y talento humano orgullosamente holguinero, tanto la “Cristal”, como la “Bucanero”, y otras que vendrán luego, tienen copado el mercado del país, para su beneficio, y el maestro cervecero Germán Guerrero Batista, nacido en Melilla, en el municipio “Rafael Freyre”, el 6 de septiembre de 1950, no queda a la zaga en contar una historia que él mismo cuenta, viviéndola.

Conversar con Germán, es como ir desprendiendo poco a poco un racimo de secretos, menos los que maestros cerveceros como él, en todo el mundo, conservan en lo más recóndito de su experiencia. Y de ello dieron fe los productores de cerveza de la checoslovaca provincia de Pilsen, cuando desde 1988 lo tuvieron entre sus filas, a pie de línea, para que por su propia cuenta descifrara los secretos de tan popular bebida, y luego los transmitiera con el mayor amor de la tierra, a quienes en la Cervecería Bucanero SA en el futuro serán inevitablemente su relevo.

Contar del surgimiento de la anteriormente denominada Cervecería Mayabe sería tema para otra historia. Ésta se inició al inaugurarse el 24 de octubre de 1990, con la efigie de nuestro inmortal burro Pancho en el tanque elevado para agua -arriada después-, las decenas de puntos de venta por toda la ciudad, el surgimiento de la taberna con igual nombre, en las proximidades del hotel Pernik, y la empedernida adicción a tomar cerveza y comer chicharrones del “Pancho” original, nombre del abuelo y también del padre del actual cuadrúpedo, “un curda” que pasea su sedentaria vida entre los clientes del motel Mirador de Mayabe, símbolos todos que con tanta razón defienden los holguineros, como parte de su identidad.

Germán aparenta ser una persona muy tranquila. En abril del 2001 le otorgaron la condición de Vanguardia Nacional, y para mí, sigue siéndolo. El amor por lo que hace, y la admiración por su fábrica, le brotan, cual espuma de cerveza precipitada, por los ojos y todos sus poros. Por ello, no oculta su veredicto en el asunto.

“Si existe una cerveza Gallo, en Guatemala, otra denominada Lagarto, en Estados Unidos, y una “Faisán de Oro”, en la antigua Checoslovaquia, no sé qué diferencia hay entre estos animales y el burro que inicialmente identificó nuestra primera y mejor cerveza, la cual empezamos a embotellar y a fabricar a granel aquí hace 20 años, pese a que en el aprendizaje, hay secretos que no se dan, sin embargo, aprendimos a hacer cerveza, a tocarla con la mano. Y también a probarla, porque para nosotros, no existe mayor placer que saborear una “Mayabe”, para mí, la mejor de todas. La Mayabe es la Mayabe”.

La tradición de los checos caló hondo en las apetencias de aprendizaje de Germán, en los trajines de incorporarle a la cebada el arroz en el proceso de maceración, y el azúcar en los tachos, para lograr sabor y color únicos, eliminando a tiempo los almidones.

Al comienzo, utilizaban la flor de lúpulo, en estado natural, en pacas de 200 kilogramos, en la búsqueda del olor y amargor característicos de cada marca, pero en la actualidad, según Germán, es común a nivel mundial el empleo de un lúpulo logrado artificialmente en la industria, donde los olores y sabores dependen de ella.

“Cuando regresé de Checoslovaquia, quisieron mantener un “freirense” en los asuntos de la cerveza, por lo que me encomendaron la misión de preparar cerca de 80 cerveceros, en una especie de cantera, y en estos momentos, en la fábrica holguinera permanecen alrededor de 40, en la atención a los mantenimientos, la instrumentación o los laboratorios”.

La fabricación de cerveza en la oriental provincia de Holguín, con una moderna tecnología, y una fuerza joven excelentemente preparada, incluye miles de hectolitros de “Mayabe” embotellada y enlatada, “Bucanero”, también en botellas y envase metálico, la “Cristal”, en ambas modalidades, la malta enlatada, y en breve incorporarán la “Cacique”, enlatada y dirigida al mercado nacional. Igualmente todas las que ahora obtienen, llegan también a los clientes en contenedores metálicos.

¿Qué importancia le concede al agua?

“Toda la que tiene. Aquí llega por una conductora mediante una tubería de casi 21 kilómetros, desde las cercanías del central azucarero Antonio Maceo. Los pozos nunca se han secado, y el agua siempre ha sido la misma. Se trata para elaborar la cerveza, y hasta para la higienización de la industria, pero realmente, mejor no la queremos. Los vecinos de donde vivo, cerca de la fábrica, también la utilizan diariamente para el consumo personal. Jamás hemos hecho cerveza sin darle tratamiento a esa agua”.

Su esposa anda ocupada en los trajines de la casa, un sencillo apartamento de la comunidad frente a la Cervecería, y escucha en silencio las revelaciones de su compañero, quien disfruta, como si levantara en ese instante hacia sus labios una cerveza golosamente fría.

¿Considera un arte la producción de cerveza?

“Para lograrlo, hay que ponerle amor, dedicación, sacrificio. Tienes que imaginarte la cerveza desde que tratas el grano, hasta el momento final, en que logras lo que te propusiste. En eso, hay que poner la mente y la estrategia. Es como el bailarín en el escenario, tiene que poner el pie como tiene que ponerlo.

“Producir cerveza, es también un arte”.

¿Se mantiene la escuela de cerveceros?

“En otros países, la tradición cervecera se transmite de padres a hijos, por años y años. Nosotros no tenemos escuela, los que necesitamos se forman en el camino, junto al cañón. Últimamente han entrado a la fábrica tres ingenieros, se preparan como maestros ahora, y en las propias líneas de producción se van encaminando”.

¿Y nuestras tradiciones?

“Tenemos algunas fotos, documentos, objetos. Al comienzo de la fábrica, se conservaron algunos elementos, una maqueta, pero están dispersos. Es algo que, como el propio burro de Mayabe, la taberna, y toda la trayectoria de la fábrica, estamos obligados a preservar, como se hace en todas las cervecerías. Comparto, entonces, tu opinión, de que podían organizarse giras, explicaciones a los visitantes de todo el proceso, ofertar souvenires, hasta recorridos internos en vehículos apropiados. Porque lo que no se haga ahora para preservar la memoria de la Cervecería, es un tiempo irrecuperable e historia que se pierde”.

Holguinero como usted, Germán, me siento comprometido a contribuir a todo el esfuerzo que se haga por redondear la historia de nuestra tradición cervecera, orgullo adicional para los habitantes de esta provincia. ¿Podría mencionar algunas de sus alegrías?

“Contribuir con mi trabajo a que entre dinero fuerte al país. Saber que la cerveza es un producto demandado y de buena calidad. Y que la gente la anhele siempre, para con toda la alegría del mundo brindar por algún motivo”.