22 jun 2010

Recuerdos de un cervecero: Cura de caballo

Por Carlos Melián Moreno

José García, primer director de la actual
fábrica de cervezas Bucanero  
Año mil novecientos setentitantos, un joven químico espera parado allí, tiene una carpeta bajo el brazo y observa el ajetreo, gente que sale y entra, teléfonos rojos, negros, blancos que suenan, contestan, cuelgan, y vuelven a sonar. Nadie lo nota, nadie se fija en él. No es atractivo, más bien muy delgado, desgarbado, aunque se sabe, por la forma correcta en que va vestido, que ha efectuado estudios, y que si se esfuerza, podrá llegar a ser un tipo importante... De pronto, de una oficina sale un señor, el señor lo mira directamente a él, y a nadie más.

El señor, levanta una mano y le hace el gesto de que entre. El señor parece un peje gordo, un grueso reloj le corona la muñeca, y el antebrazo es fuerte y peludo. El joven, entra, no parece estar asustado, pero tampoco se le ve tan seguro, como si esperara lo peor dentro de aquella oficina. La puerta se cierra, el ajetreo, los choferes, las secretarias, los responsables, quedan afuera.

En la oficina blanqueada de cal, una oficina sin retratos ni confort como es de esperar de un Puesto de mando, hay dos teléfonos, uno con disco y otro sin disco, un buró y un par de pesadas sillas giratorias. El joven se sienta, piensa poner la carpeta en la otra silla, pero no lo hace, se siente más seguro con la carpeta entre las manos, es lo único familiar que le rodea. El hombre le clava los ojos y parece medirle la talla, la talla humana.

-¿Qué pasa? ¿Por qué no sale la cerveza?

-No sale porque no tiene calidad, es decir, todavía no es cerveza, sino agua. Agua amarga, diría yo.

-Usted dice agua amarga.

-Sí, yo digo agua amarga.

-Así que agua amarga...

El señor hace silencio. Reflexiona. Pero no reflexiona sobre eso, sino sobre otras cosas, parece filosofar sobre algo más general, sobre el arte de dirigir. Luego dice:

-Vamos a hacer una cosa. Ahora usted y yo nos vamos…

Suena el teléfono. El señor habla con alguien. Imposible saber si el interlocutor es hombre o mujer, pero el joven supone que sea hombre. El señor responde que él ya dio la orden, que se ha incumplido esa orden, y que ahora va a resolver eso, y que alguna cabeza, ¡carajo!, va a rodar. Cuelga, marca otro número, un número corto, o sea, una extensión, y le ordena a una mujer que venga un momento.

Debe ser mujer, porque la llama, de manera sedada, mi amor: “mi amor, ven acá un momento”. El señor cuelga, y vuelve a mirar al joven, pero ha cambiado de tono, como si hubiesen estado demasiado tiempo allí, uno al frente del otro.

-Ahora usted y yo nos vamos para la calle Maceo y… ¿cuánto usted dice que le falta?

-¿Para que sea cerveza?

-Sí, para que sea cerveza.

-Doce horas más.

-Doce horas, dice el señor, apuntando el número 12 en su agenda. Un 12 aislado, en medio de la hoja y sin ningún fin, solo para hacer énfasis, o hacer tiempo, o tomarle el peso a algo.

El joven mueve la cabeza afirmativamente, siente que el gesto del funcionario es ridículo, pero él se subordina a esta clase de jefes, y siempre será así. Para que una cerveza se homogenice hacen falta como mínimo 24 horas. El caldo llegaba desde Santiago de Cuba o de Manacas, se le echaba agua hasta llevarla a 10 grados, y luego se le inyectaba CO2, y se reposaba. En ese reposo, el CO2 penetra en el líquido. Mientras más tiempo de reposo, más cerveza es. Y en un carnaval se debe tomar cerveza.

-Está bien. Ahora, nos vamos usted y yo en mi carro para la Avenida de los Álamos, allí hay miles de gente sonando las jarras, yo lo voy a presentar, voy a parar la música, lo subo a la tarima y le voy a dar el micrófono, y usted les a va a hablar a ellos. Les va a decir, que usted es el jefe de la embotelladora y que hacen faltan doce horas para servir la cerveza.

El joven pasó de largo por la Avenida de los Álamos, y miró por la ventanilla. En efecto, cientos de personas estaban allí. Nadie sonaba las jarras, la gente bailaba, caminaba de aquí para allá, o en las aceras conversando y tal. Una hora después, una pipa conectó una larga manguera en los termos y descargó miles de esos litros de cerveza a medio hacer.

Treinta años después, José García, “Pepe”, maestro cervecero retirado, gestor, junto a otros colegas, de las fórmulas secretas de la “Mayabe”, “Cristal” y “Bucanero”, y primer director de la mayor cervecería del país, la Bucanero SA, cuenta esta historia como su primera cura de caballo, la primera humillación. El antes y el después de un joven idealista.

José García conversa con el ex-presidente cubano Fidel Castro

7 jun 2010

Un mapa para una Ruta

Por Joaquín Fernández Moreno

Parecerá complicado, pero puede llegar a ser sencillo. No habrá que esperar a que arribe flotando, dentro de una botella como en tiempo de los piratas y desde altar mar, un mapa para encontrar una ruta. Que será, en definitiva, un sugerente recorrido por sitios históricos y culturales de la oriental provincia de Holguín, si primero los residentes nacionales y visitantes foráneos se agencian el escasísimo mapa de la Ruta cultural ‘’El arte de la cerveza”.

A partir del primer día de julio, según los promotores de la novedosa propuesta turística para recorrer la Ciudad cubana de los Parques, los aspirantes a dicha aventura deberán visitar determinada cantidad de sitios generadores de cultura, y a la vez, expendedores de cerveza en sus diferentes modalidades, con el propósito de promover el dominio de asuntos culturales e históricos del territorio, y el conocimiento acerca de la tradición y producción cervecera en Cuba, de quienes adquieran un ejemplar del susodicho y original mapa, cuya edición se ha previsto no supere los 500 ejemplares.

En el prometedor documento aparecerán, tanto los lugares de venta de la refrescante bebida, como las instituciones culturales que se sugieren visitar, por lo que los poseedores del mapa deben alistar sus neuronas, tanto para responder determinadas preguntas que les realicen en dichos sitios, como para llevarse el mapa, debidamente acuñado por representantes de la Asociación Culinaria de Cuba o los cantineros, y obtener la firma de los artistas que regularmente actúan en los lugares incluidos en la Ruta cultural ”El arte de la cerveza”. De los resultados de esas novedosas gestiones, dependerá pues, el correspondiente estampado de los cuños.

La acumulación de cierto número de firmas y cuños por quienes adquieran los mapas, tanto en moneda nacional como en divisas, favorecerá el otorgamiento de libre acceso a numerosas instalaciones y reproducciones de obras plásticas, por lo tanto, los aspirantes nacionales y extranjeros interesados en enrolarse en la Ruta cultural “El arte de la cerveza’’, en los meses de julio y agosto de este año, y aún después, tendrán necesariamente que visitar la ciudad de Holguín, en el siempre veraniego oriente cubano.

La punta del cordel de esta iniciativa se encuentra, pues, en la posesión del artístico mapa. Después, la incitación se ocupará del resto.

22 may 2010

Matar un burro a cervezas

Por Joaquín Fernández Moreno
Fotos: Edgar Batista
Se cuenta que en distintas países existen burros o chivos que en vida han sido adictos a beber cerveza. Sin rebuscar antecedentes ni árboles genealógicos, estas líneas las dedico al hábito, que generación tras generación, (ya va por la tercera), transmitió a su descendencia el famoso burro Pancho, criado a sus anchas en la elevación que ocupa el motel Mirador de Mayabe, en la oriental provincia cubana de Holguín.

No es por su inclinación a prenderse de una botella de bebida tan apetecible, de las cuales llegó a libar 48 en una jornada etílica, que alcanzó la fama, ni por sus correrías viriles tras las hembras cada vez que se aparecía la oportunidad, sino porque fue capaz, con su tenacidad de burro, de inculcar en los dos Panchitos que vendrían después, esa afición por saborear y dejar correr la espuma por la comisura de sus labios, amén de recibir, de manos de centenares de visitantes nacionales y foráneos, los refrescantes sorbos, acompañados por crujientes chicharrones de cerdo.

Trabajadores de hace 50 años, y los de ahora, acumulan con orgullo anécdotas de la vida y travesuras del Pancho original, y luego del hijo y su nieto actual, pues sin dudas este noble bebedor, con su goloso relevo, es símbolo del Mirador de Mayabe, de toda la provincia, y del acervo cultural del archipiélago cubano, y las fotos y vídeos tomados junto a su noble animalidad, rondan por miles todos los rincones del planeta.

Hace unos 20 años, al iniciarse las producciones de la holguinera cerveza Mayabe en la fábrica de igual nombre, en su etiqueta se enseñoreaba su imagen, al igual que en lo alto del tanque elevado para el agua de la industria; en jarras, ceniceros, y hasta en los doiles y el letrero lumínico de una taberna que inmortaliza su nombre.

Un testigo presencial me contó que el animal recorrió en esa ocasión a pie, más bien “a pata” cerca de ocho kilómetros, entre su ubicación habitual, hasta las instalaciones de la fábrica, pero se desconoce si en ese lugar y momento, después de tan extenso recorrido, llegó a empinar “el codo”, como lo hizo durante buena parte de su vida en el Mirador de Mayabe.

A la hora de concebir un Museo de la cerveza, con el fin de preservar para el futuro los trazos de un arte tan único como la obtención de esta bebida, habrá que recopilar, obligadamente, cuantas referencias materiales y documentales apoyen la idea, sin obviar el cuerpo embalsamado de Pancho a raíz de su desaparición, ya fuera por cirrosis hepática gracias al alcohol, o por razones naturales.

Por lo visto, tus seguidores genéticos, junto a nosotros mismos, no te defraudaremos. Si los burros ascienden al cielo, estés donde estés, que el espumoso espíritu de la cerveza acompañe e impulse tus andares y los nuestros, querido amigo.